Debemos acercarnos ha comprender la vida, la existencia y la conciencia. Es necesario aprender a integrar nuestras verdades para aceptar la realidad que ofrece el presente.
Vivir en la verdad puede parecernos una meta idealista, sin embargo la más humilde de las acciones, el aceptar la realidad tal cual es antes de reaccionar ante ella, nos acerca enormemente a la verdad. De hecho, aceptar la realidad es ya una manera vivir en la verdad.
Imaginemos que alguien recorriendo un camino rural llega a un abismo y descubre que el puente que allí había se ha derrumbado. A nadie se le ocurre ni quedarse allí indefinidamente lamentándose y exigiendo al gobierno que lo reconstruya, ni tampoco intentar atravesar el abismo por donde debería estar el puente y caer al vacío solo porque "no puedo aceptar que el puente no esté aquí". Todo el mundo, tras refunfuñar un rato comprende que debe dar un rodeo y sigue camino.
Esto que es tan obvio referido a esta historia, parece no serlo tanto en la mayoría de las cosas de la vida, ya que las personas sufrimos infinitamente, nos hacemos y hacemos daño, y perdemos tiempo y energía tratando de forzar a la realidad para que sea como nosotros creemos que debería ser, (que es "casualmente" como nos gustaría que fuera). Las personas solemos proceder Igual que en el ejemplo del puente, nos quedamos indefinidamente lamentándonos y exigiendo que se cumpla nuestra voluntad (¡para eso tenemos razón!) e incluso tratamos de pasar por donde no se puede y fracasamos una y otra vez. Gran parte de la confusión y el dolor que lleva a la gente a la consulta psicológica (¿Cómo me puede pasar esto a mí?... ¿ Porque se comporta así?.etc.) se deriva de acciones muy parecidas al ejemplo ya que la primera fuente de dolor y sufrimiento es nuestra ignorancia sobre el funcionamiento de la realidad y las leyes que la rigen (lo que se denomina “dharma”).









