Cuando la conciencia fluye en un tiempo natural podemos percibir que los hechos no son casuales, y entender que el universo nos entregan señales de nuestra interconexión. Todo sucede por algo, no hay casualidades; Es momento de aprender a leer estas señales.
Los acontecimientos sincronizados son una señal de que nos hayamos en el sendero adecuado, y también nos dicen cuando no es así; a nivel más profundo, nos demuestran que no somos meros observadores, sino que somos participantes de una red cósmica interconectada. Si admitimos la idea de la sincronicidad, entonces nuestra vida tiene sentido, todo acontecimiento de ella y toda persona que intervenga obedece a un sentido.
Los acontecimientos sincronizados son una señal de que nos hayamos en el sendero adecuado, y también nos dicen cuando no es así; a nivel más profundo, nos demuestran que no somos meros observadores, sino que somos participantes de una red cósmica interconectada. Si admitimos la idea de la sincronicidad, entonces nuestra vida tiene sentido, todo acontecimiento de ella y toda persona que intervenga obedece a un sentido.
Se han preguntado alguna vez que es lo que pasa cuando ante un evento en nuestras vida le siguen otro y otro, muchos acontecimientos casi simultáneos, casi mágicos y todos esos acontecimientos nos llevan a un fin determinado ¿por nosotros? … y de pronto todo comienza a encajar como las piezas de un puzzle y todo fluye con presición absoluta. Podríamos decir que esto es lo que llamamos la “Sincronicidad”.
Sincronicidad significa sucesos altamente improbables que ocurren a la vez para lograr un resultado deseado, o sea, una serie de eventos inesperados que comienzan a suceder ni bien los pensamos para cumplir con nuestros propósitos.
Conocer el mecanismo para lograr que esto ocurra nos permitirá transformar este fenómeno en un hecho voluntario y así poder provocarlo conscientemente.
Al iniciarnos en un sendero espiritual perdemos la amargura, las preocupaciones y las penas. La seriedad se convierte en alegría y el egoísmo en la necesidad de compartir.
Al experimentar estas sensaciones, al mismo tiempo se acelera la sincronicidad, es decir, entre la intención y el cumplimiento los tiempos se acortan.
Pensamos en alguna persona y nos llama por teléfono, necesitamos alguna cosa y alguien nos lo regala, queremos ver una película y descubrimos que la van a proyectar en el canal que estamos viendo.
Esto, que parece mágico, no es mágico es una propiedad del campo que está a nuestra disposición si estamos debidamente conectados.
Sobreviene el asombro ante algo que no se puede explicar, porque podemos mirar al mundo de una manera diferente y comprender nuestra relación con el campo de la conciencia que nos libera del diálogo interno y el conflicto.
Todo el Universo que percibimos es una proyección holográfica de la conciencia cósmica y el cuerpo físico también. Este campo está en constante transformación dinámica, es la fuente de energías opuestas. Cuando dejamos de juzgar y la mente se vuelve silenciosa, entramos en el campo de la conciencia pura.








